Por:Verónica Lozada
Reflexión sobre Génesis 29:20-35
A primera
vista, encontramos a Lea como un peón en el juego de su padre. Después, al
salir Labán de escena la encontramos desenvolviéndose bajo los patrones culturales
de su nación; girando en torno a la vida de un hombre, Jacob
su marido. Por fortuna, ahí no termina la historia.
Vemos entonces que la tensión que se imprime a
la vida de Lea para estar a la altura de las convenciones culturales de sus
días es tan opresora y desgastante que al leer su relato sentimos inmediata
compasión de ella.
Es muy probable que escuchara el fuerte grito
de reclamo que salió de los labios de Jacob al discutir con su suegro el engaño
que le aplicó.
Lea tenía claro que no era la amada. Jacob no
la había buscado a ella, y no tenía,
absolutamente, ningún deseo por ella. Se sabía menospreciada.
Pero la vida de muchas mujeres en pleno siglo
XXI no es muy distinta.
